Así sí, Rojo

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El Libertadores de América estalló tras la victoria ante Lanús y el hincha se deleitó con el pase a la próxima ronda. Hace mucho que no se veía el estadio tan festivo, señal de que se empieza a ver la mano de Milito.

Sabido es que el equipo de Almiron es de los más fuertes del fútbol argentino, y una potencia a nivel sudamericano. Y es que partiendo de ese conocimiento sobre el rival se disfruta y valora mucho más este pase a los octavos de final, que tiene ese gustito especial de acallar las voces de aquellos que decían que no había chances de pasar, así que es el momento de inflar más el pecho y no escuchar lo que digan los de afuera, hoy se festeja.

No es que sólo haya sido el resultado lo positivo, sino que se vio un equipo muy sólido y convencido de lo que hacía, algo diferente a lo que se mostró el sábado ante Godoy Cruz, donde se debió ser el protagonismo y también se hizo de buena manera; hoy se jugó de forma más conservadora y apostando a aprovechar los huecos que dejaran los defensores contrarios. Así que podemos hablar de que tenemos por delante un equipo versátil, que se sabe defender cuándo hay que hacerlo y tiene recursos para atacar, aunque falte un poco de fineza. Más allá de que en los últimos 4 partidos se marcaron 6 goles, una buena marca que varios envidian y deja tranquilos a todos. Menos a los rivales.

Las copas siempre fueron un punto fuerte a lo largo de la historia, ahí fue cuando se vislumbraba un plus a la hora de encarar los partidos. Parece que Martín Benítez está marcado a fuego con esa característica. No venía teniendo buenos rendimientos desde la Copa Sudemericana del año pasado (casualidad o no), y hoy volvió a ser desisivo. No quedó en el gol únicamente, tuvo una tarea muy desgastante en la presión y jugó un buen partido. Tal vez sea muy precipitado catalogarlo como un «jugador copero», pero si sigue teniendo destacadas actuaciones y convirtiendo en el camino a un nuevo título internacional, pocos podrían quitarle este rótulo.