Basta para mi

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Un nuevo papelón. Ni la eterna paternidad a Racing nos salvó hoy. No hay palabras muy bonitas para definir lo que pasó hoy, y es que no se puede entender por ningún lado.

Una vez más el planteo del partido fue nefasto, hay que hacer memoria para encontrar un equipo tan evidente como el que se paró hoy en cancha. El juego es lento, aburrido, inmutable, nadie se sentaría a ver jugar a este Independiente, que fue el mejor del mundo hace ya mucho, pero hoy está arruinado gracias a ciertos personajes infames. Y uno podría caer en la errónea idea de culpar a los jugadores, hoy es fácil caerle a Campaña porque tuvo una floja respuesta en los dos primeros goles, o a Ortíz por perder esa pelota al borde del área. Pero el análisis tiene que ir más allá de eso. Porque del “Marciano” no sale la idea de no reventar la pelota nunca.

El gran responsable de esta situación es, duela a quien le duela, Gabriel Milito. Sí, el mismo que vino a revolucionar rotunadamente el juego con las mismas ideas que Guardiola, ese que supuestamente era quien querían Messi y Mascherano para la selección porque era el mejor de todos. Pero en lugar de tener un equipo que da gusto ver jugar al fútbol, tenemos uno que partido a partido es más indefendible. Lo raro no es que juegue un partido mal, eso es común y hasta entendible, lo que realmente hace ruido es que juega absolutamente todos los partidos igual, no hay imaginación ni para tener más de dos tiros al arco por partido. Se puede usar cualquier sistema táctico que va a ser igual. Lo que sí, si fuera por la posesión de la pelota, robamos todas las copas.

Por un partido no tan malo como este se pidió la cabeza de Almirón (el mismo que sacó campeón a Lanús y nosotros echamos como si fuera un terrorista), pero a veces el rótulo de ídolo es el que termina matando. Si ni tuviera ese apellido, hace semanas ya se hubiera querido que se vaya, y ahí es donde podemos ver hipocresía que hay: consideramos capaz de dirigir a alguien por lo que hizo adentro de la cancha y no a los que se prepararon para dirigir. Y esta derrota no deja otra cosa que la sensación de que hay un ciclo terminado.